El Castillo del Rey Kuranes

Bienvenidos al Palacio de su Majestad el Rey Kuranes de las Tierras del Sueño. No dejen que las Bestias Lunares o los Gatos de Ulthar les importunen. Disfruten de su estancia.

 

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26/08/2004

Un Relato para romper el hielo

La joven muchacha de cabellos cobrizos empezaba a aburrirse. La fiesta era como tantas otras y los invitados, a los que ya conocía le resultaban bastante insulsos. Vago entre la multitud que se congregaba en la sala de baile, jugando con un rizo que caía sobre sus pálidos hombros mientras observaba esperando ver algún rostro nuevo. No paso mucho hasta que sus ojos color miel dieron con unos de una tonalidad azul claro que recordaba a un glaciar. El dueño de dichos ojos parecía un hombre maduro, de cabellos grises y tez bronceada, unas arrugas bordeaban la comisura de sus labios y sus ojos. A pesar de su obvia diferencia de edad la joven no pudo reprimir un escalofrío provocado por la extraña atracción que ejercía el hombre sobre ella y por la intensidad con la que éste le miraba. Ambos se abrieron paso el uno hacia el otro a través de la sala de baile, esquivando un sinfín de parejas que seguían danzando. Cuando se encontraron frente a frente, pese a que ninguna palabra surgió de ninguno de los dos, se juntaron y comenzaron a bailar como en respuesta a una propuesta que nunca existió. Bailaron, bebieron y se estudiaron sin apenas intercambiar sus nombres. La joven se llamaba Lucienne, el enigmático caballero Vincent.

Cuando la fiesta se dio por acabada la joven siguió al caballero movida por esa indescriptible fascinación que él le producía. Tras ayudar a la muchacha a ponerse su plateada capa Vincent le acompaño hasta un carruaje que le esperaba. El carruaje era de una madera negra y brillante, tirado por dos corceles del mismo tono azabache. El conductor, un extranjero de piel tiznada aunque tan impecablemente vestido como si fuese el conductor de un carro de alguna familia real, se apresuro a abrirles la puerta haciéndoles una reverencia sin levantar en ningún momento la mirada hacia ellos. Ella accedió al interior del carruaje, produciendo un leve susurro los ricos tejidos de su vestido al acomodarse en el asiento forrado en un satén del color brillante de un vino añejo. Él entró después, cerrando la puerta y corriendo las cortinas como si quisiese preservar a su acompañante de cualquier mirada ajena. Ni ella ni él hablaron, pero estrecharon sus manos y no dejaron de mirarse a los ojos durante el viaje, como presas de un encantamiento.

Tras un tiempo que ella no podría haber precisado el carruaje se detuvo y él, precediéndola, le ayudo a bajarse delante de una hermosa, aunque algo intranquilizadora mansión. Esta tenia una estructura clásica que no desentonaba con la moda de la época, aunque provocaba una sensación como de melancolía. Un camino enlosado con piedras grises de distintos tamaños y formas y rodeados por unos arcos en los que crecían unos rosales, que incluso en esas ultimas semanas de verano, mostraban unas hermosas flores. Para cuando ella pudo apartar sus ojos de tan evocador panorama el carruaje ya se había ido hace un rato, sin hacer ruido alguno o al menos sin captarlos ella. Aceptando sin pensar el brazo de Vincent ambos caminaron juntos a través del sendero, disfrutando de la brisa nocturna que hacia que se dispersase la sempiterna niebla de Londres.

La puerta se abrió al poco de pisar los escalones del pórtico, sin que Lucienne supiese quien se había encargado de hacerlo, aunque apenas se percató, presa aún del inexplicable interés que el maduro caballero despertaba en ella. Cruzaron el amplio recibidor sin prestar atención alguna a los hermosos cuadros que, por lo poco que percibió ella debían de retratar a diversos familiares de Vincent. Subieron las escaleras de forma ceremoniosa, notándolas crujir levemente bajo sus pisadas. Surcaron el largo pasillo elegantemente decorado sin detenerse hasta cruzar el umbral del dormitorio del señor de la casa. Lucienne se sorprendió al notar que ese era su deseo, oculto hasta ahora. Sin darse cuenta un brillante fuego de la pasión se había prendido en su joven alma, y poco a poco amenazaba con consumirla. Vincent quizás contagiado de esa pasión, quizás consciente de ella le tomo en brazos con una fuerza que inesperadamente se ocultaba tras su envejecido aspecto y, apartando con cuidado las cortinas del dosel de la cama, postro a la acalorada joven en su lecho.

Lucienne no podía ver nada que no fuese él, no podía oír más que el rítmico latir de su corazón y no anhelaba más que sentir sus caricias. El hombre, con una facilidad propia tan solo de alguien con experiencia en esas lides, no tardó mucho en privar a la hermosa joven de sus lujosas vestimentas. El cuerpo de Lucienne se retorcía ansioso sobre las sabanas de seda gris, intentando por un ultimo arrebato de pudor cubrir con sus piernas su femenino cáliz. Su cuerpo, de piel blanca y tersa, con sus pechos subiendo y bajando al ritmo de su agitada respiración, coronados por dos dorados pezones que siempre habían permanecido ocultos a la vista de cualquier hombre, y el delicioso tesoro que se intuía por los rojizos cabellos que se arremolinaban tras la cobertura que intentaban ofrecer las bien formadas piernas. Para cualquier hombre hubiese costado permanecer firme y no dejarse arrastrar por los instintos que conlleva la envoltura carnal, pero Vincent lo contemplaba como si fuese una hermosa obra de arte, con los ojos brillando de admiración ante la hermosura que a la joven dama había dotado la juventud. Poco a poco alargo una de sus manos, más frías al tacto de lo que Lucienne había esperado, hacia el cuerpo de la muchacha, tocando suavemente una suave melodía de caricias que termino de inflamar la pasión en el alma de la joven. Las suaves aunque arrugadas manos recorrieron desde el primero hasta el ultimo de los rincones del cuerpo de Lucienne, provocando con ello que su excitación y su deseo aumentase. El tesoro que con tanto afán intentaba ocultar ella yacía ahora expuesto, dispuesto a aceptar aquello que ella deseaba que el hombre le ofreciese. Éste, como por arte de magia parecía haberse desnudado sin que ella lo percibiese y yacía ahora sobre ella, mirando con sus misteriosos ojos del color del hielo polar más allá de los brillantes ojos color miel de la sonrojada dama, parecía estar contemplando una parte de su alma. Ella noto que el hombre se unió por fin a ella, despertando con ello sensaciones de dolor y placer que hicieron que su cuerpo se retorciese inquieto. La suave melodía de caricias se convirtió en un concierto de sensaciones que proporcionaban a la joven un placer inmenso y la sumían aun más en un estado de éxtasis. Pese a la inexperiencia de Lucienne el dolor inicial dio paso enseguida a oleada tras oleada de placenteras emociones, hasta dejarla sin sentido.

Vincent, aun sobre el cuerpo de su reciente amante aproximó su rostro al de ella, juntando los labios en un suave beso. Mientras sus labios se separaban una brillante neblina surgió de la boca de rojizos labios de la joven para acompañar a la del caballero hasta introducirse en su interior. El cuerpo de Lucienne, cuya respiración era tranquila tras el arrebato pasional, empezó a detener su ritmo vital, hasta yacer inerte al poco, aun cubierta por el sudor y las fragancias de una joven que ha descubierto el amor carnal. Vincent se levanto de la cama, apartando las cortinas del dosel y se dirigió con paso tranquilo aunque seguro a su baño. El rostro bronceado de piel lisa y suave, labios de sensuales contornos, cabellos negros como la noche y ojos de un azul gélido de un joven le devolvieron la mirada desde el espejo. En sus labios se perfiló una sonrisa que no conocía de culpa alguna

28/08/2004

Un inciso para describir ESA sensación

"Pudo notar como penetraba en él lentamente provocandole un cúmulo de turbulentas, incomprensibles y placenteras sensaciones. El corazón le latia más rapido y más fuerte, cada latido se extendia por todo el cuerpo como las olas por el mar. Sentia un calor agradable acumularse dentro de si mismo, como si se llenase de algo que solo podia ser Vida. Podia notar que el dolor y la fatiga remitian, como por el efecto de un balsamo. Una nueva luz iluminó sus ojos y no pudo reprimir una sonrisa que ilumino sus labios. Él le habia entregado Amor, y ella le habia correspondido, aun sin plantearselo siquiera, con Vida. Un torrente de Vida inquieta y nueva, una Vida que susurraba en sus oidos sobre aventuras y viajes, que le impulsaba a querer probar hasta el ultimo de los placeres que el mundo le ofrecia. También anhelaba más que nunca la compañia de su amada, pero aunque ese anhelo no fuese a ser satisfecho la desesperación no tenia cabida ahora en él, las emociones negativas giraban a su alrededor, pero el huracan de emociones que se habia desatado en el corazon del hombre las mantenia fuera."

Nota del Autor: ¿Alguna vez habeis visto respondida esa pregunta que nunca os atrevisteis a hacer? Asi me siento yo.
28/08/2004 22:04 Enlace permanente. Hay 1 comentario.

29/08/2004

The most beautiful thing in the World

Hay algo que ha cambiado mi vida en muy poco tiempo. Mejor dicho hay alguien. Es curioso como algunas cosas aparecen cuando y como menos te lo esperas. Solo puedo hablar de esa persona como lo más parecido que he conocido nunca a un sueño hecho realidad, y quizás sea por eso que a una parte de mi aun le cuesta admitir que este ahi a pesar de haber hablado con ella y haberle visto. Haber intercambiado palabras con ella ya es de por si placer suficiente como para hacerle sentir satisfecho a uno. Contemplar esos ojos que son como dos puertas de marco de esmeraldas que te trasladan a un mundo donde solo existe ella... eso no tiene precio ni es comparable a nada, excepto a el Amor que ha despertado en mi sin quererlo. Y soy feliz, de forma constante y algo desconcertante. Soy feliz por tener la oportunidad de amarla. Feliz por seguir compartiendo charlas con ella. Feliz por saber que le he hecho sonreir (y pardiez que tiene una hermosa sonrisa), e incluso soltar alguna carcajada (no me perdono el no haber escuchado su risa todavia, pero tiempo al tiempo). Feliz por haberla conocido. Feliz porque ella es sincera y comprensiva conmigo. Feliz porque no podria ser de otra manera.

-Soy consciente de que es costumbre emplear este tipo de servicios para expresar cosas mucho más profundas que la pura y simple alegria y felicidad propias, como por ejemplo la desesperación y la turbiedad de nuestras vidas. Y desde luego si pudiese pensar en algo que encajase en esa categoria ahora mismo quiza no habria escrito lo que ya habeis leido. Pero no puedo. Aun asi prometo seguir la costumbre habitual (y muy gotica) de expresar mis más profundas penas y anhelos incumplidos cuando deje de ver la gris vida a traves del cristal multicolor del Amor sin adulterar. Eso es todo.-
29/08/2004 15:57 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

30/08/2004

Una mañana cualquiera

El silencioso hombre de piel tiznada descorrió las cortinas de la habitación de su señor. La dorada luz del sol se posó sobre el joven de agradables rasgos que yacía sin apenas dar señas de vida en su elegante cama. Para Vincent el sueño solo era un estado en el que su cuerpo reducía el desgaste al mínimo necesario. Siempre había sido así para él, que nunca pudo recorrer las misteriosas Tierras del Sueño. De hecho carecía de la necesidad de dormir y más de una vez, si se entregaba con especial atención a alguna investigación, podía llegar a pasarse semanas sin permitirse reposo. Al reconocer los familiares ruidos de la actividad de su criado y notar la cálida caricia de la luz solar sobre su piel Vincent despertó de su trance.

Como cada mañana desde hace más de 20 años dedicó unos minutos a estudiar su aspecto con ayuda de un ornamentado espejo de mano, dedicando especial atención a las posibles marcas de envejecimiento en el rostro, las manos o el cabello. Se sintió satisfecho al ver que la Vida que Lucienne le había proporcionado hace tan solo unas semanas todavía mantenía su cuerpo joven, aunque en parte sabia que se debía a que en estas semanas apenas había realizado esfuerzo alguno. Sus estudios pasaban por una fase meramente teórica y las actividades intelectuales no requerían un excesivo gasto de energía. Tras esto el joven se levantó de su endoselada cama y con ayuda de su siervo se puso la túnica ceremonial de colores negro y plata, procedió a realizar las abluciones destinadas a purificarse y se preparó para realizar el ritual diario de la Orden.

Salió de su habitación y recorrió el alfombrado pasillo, arrastrando los bajos de su túnica detrás de él. Bajó las escaleras y cruzó el enorme recibidor sin pararse a contemplar las obras de arte que llenaban la estancia. Entró en la sala de música y descorrió el panel secreto proximo a la chimenea que daba paso a su pequeña capilla. Se arrodilló frente al altar que presidía una losa de piedra de un extraño color negro verdusco que parecía fluir y cambiar continuamente, en la que unas inscripciones en un idioma que no era de origen terrestre refulgían levemente. Mientras sus ojos recorrían los escritos y a través de su boca se repetían los extraños cánticos de forma mecánica, su mente vagaba entre sus bien organizados recuerdos hasta llegar a aquel que buscaba.
30/08/2004 02:49 Enlace permanente. Tema: Las Cronicas de Lord Vincent Ashton No hay comentarios. Comentar.

31/08/2004

Memorias I - La Edad de la Inocencia

Vincent rondaba los catorce años de edad, pero aunque debería de estar dotado de la vitalidad y energía propias de la juventud llevaba varios años dando muestras de una debilidad que no parecía ir sí no a peor. Su familia, con su padre procedente de una adinerada familia burguesa y su difunta madre perteneciente a la baja nobleza, no tenía problemas económicos. Lord Alexander Ashton, el padre de Vincent, se aseguró que los mejores médicos del país visitasen a su hijo sin reparar en gastos. Vincent era el primer y único hijo, ya que Lady Ashton falleció de forma inesperada durante el parto. A pesar de esto el primogénito fue un bebe sano y un niño fuerte y activo, pero poco a poco sus energías parecían ir disminuyendo, aunque esto pasó en parte desapercibido hasta el momento en el que se hizo obvio por el peculiar carácter del niño.

El muchacho se crió en la antigua mansión familiar de los antepasados de su madre, bajo los quizás excesivos cuidados de su atento padre. Siempre fue un niño serio e incluso se sabía que de bebe no había derramado jamás una sola lagrima, además se comportaba con una educación y mostraba una inteligencia y un interés por aprender mucho mayores de las normales para su edad. Como nunca fue muy dado a practicar actividades físicas, aunque caminaba y corría tan bien como cualquier otro niño normal al principio, a partir de su duodécimo cumpleaños el joven Vincent se agotaba con facilidad y apenas salía de la biblioteca. Para cuando cumplió los trece años apenas podía moverse de la cama, aunque nadie podría decir que nunca hubiese estado enfermo, ni tan siquiera pasó nunca por un simple catarro.

Tras conseguir atraer a todos los especialistas de Harley Street sin ningún resultado positivo la familia recibió la visita de un hombre delgado, cargado de espaldas con la tez cetrina y horadada por la viruela que respondía al nombre de Doctor Erasmus Blackmore. A pesar de sus vestimentas algo pasadas de moda y la acritud de su tono trajo consigo cartas de recomendación de personalidades reconocidas, y una vez que la veracidad de dichas cartas pudo comprobarse satisfactoriamente no se puso ningún reparo en que el médico conociese al debilitado joven. La primera impresión que el joven Vincent tuvo del Doctor fue positiva, viendo en él a un hombre serio y con capacidad de pasarle a él sus muchos conocimientos. Cuando el médico comunicó su intención de estudiar la afección del muchacho con ayuda del mismo y sin otra compañía Vincent se mostró tan complacido e interesado que no tardó mucho Lord Ashton en aceptar sus condiciones. Así Vincent y el Doctor Blackmore pasaron juntos la mayor parte del tiempo mientras estudiaban la enfermedad, alojándose el médico en una habitación contigua a la del niño.
31/08/2004 23:17 Enlace permanente. Tema: Las Cronicas de Lord Vincent Ashton No hay comentarios. Comentar.


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